} 64 POR QUÉ LUCHAR O!\ \ :-;uF.STRO LADO l,O~ ~lUl:>UJ.'.\IA!'lES Ante todas estas caracterí-.ticas culturale~, comunes al marroquí y al español, la hipótesis, túnidamente insinuada al principio, parece que se convierte en Ycrdad demostrada. Bajo la áspera corteza de esos rudos y valientes soldados marroquíes palpita un corazón gemelo del español, que rinde culto a unos ideales ultraterrenos, no muy dispares de los nuestros, y que siente las vivas emociones re1igiosas que nosotros cntimos, porque profesa muchos. de los dogmas cristianos que nosotros profesamos y que el marxismo ateo repudia y persigue con ensañamiento. «Por Dios y por España luchamos.)> Este fué el grito que un ~argento de Regulares lanzó en la plaza de Burgos, al te1·mi11ar una de sus patrióticas arengas el Generalísimo Franco. En ese grito se cifraba, efecth-amente. el pensar y el sentir, tanto de nue¿;tras huestes marroquíes. como de nuestras milicias regulares y voluntarias. Unas y otras eran el pueblo levantado en armas para defender su común fe en Dios y en España, que también es para nuestros Regulares patria de adopción. La psicología de éstos, mixta de ingenuo infantilismo y de ao;:.tucia cazurra. de tosquedad ext erior y de bondad de corazón, es pareja, en muchos de sus rasgos, de la del campesino español. IXo en vano una misma cultura ancestral ha dejado en el alma de la común raza hispana. a que ellos y nosotros pertenecemos, su sedimento subconsciente. A c:;u~ antepasados moriscos, en vísp eras de su expulsión, Lope de Vega les atribuía esa profunda convicción de comulgar dentro de la unidad nacional. En una de sus comedias, tras de hacer este sobrio elogio ele los grandes médico~ hispano-musulmanes: «Que lo que es la medicina moros la supieron bien». conc- lu~·e con e~te rotundo epifonema : <1Si e ran de España, también a España ese honor se inclina.» Penbamiento que repite con mayor C'laridad todavía un refundidor de Lope, el poeta g1·anadino C:uhi11o de Aragón, al