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de lai-. otras razas con las cuales aquéllas !'C mezclara. No es,
pues, la influencia racial, aun en los rasos más típicos, tan operante como e cree sobre la mentalidad de un pueblo. Individuog ~ .;ocicdades deben, mucho más que a la herencia étnica,
a la traclicióu de las culturas en que se han educado, las notas
heclecc también la adhesión tan íntima y cordial, hecha de sentimientos y ele convicciones comune::,. de nuestros Regulares hacia c1 Ejército c1e la auténtica España . Es que los ideales supremos de esta España tradicional -religión, familia } propiedadson el polo opuesto de los del programa bolchevique -ateísmo
e irreligión, amor libre y comunismo -. Y esta misma autítesü~
de idc-alc>s irreductibles es Ja que di' orcíó tamhién a los ReguJares marroquíes de los miJi<'ianos marxi las y los unió a nuestro Ejército y a nuestro pueblo con lazos de la más estrecha afinidad. l\o <>s, pues, tanto un problemab d<' Tazas, cuanto de cu lLuras, el que se planteó en la lucha ventila