POR QUE LUCHARON A NUESTRO LADO LOS MUSULMANES MARROQUÍES Uno de los espectáculos que más 'na sorpresa produjo en el ánimo del ohsen·ador medianamente curioso al contempla1· la 'ictoriosa marcha del Ejército liberador en su reconquista de la España soYietizada, fué el movimiento de adhesión, fulminante desde nn principio, fe1·vorosa, entusiasta y -ostenida, qu~ a nuestro Ejército y a nuestra Causa prestaron las huestes coloniales musulmanas, es -decir, los soldados de nuestra Zona marroquí, vulgarmente llamados «Regulares». ¿Cómo explicar tal adhesión? ¿Qué lazos de hermandad espiritual, qué intereses comunes, polítiro:0, sociales o económicol', los un~n con nosotros y -con nuestra causa? La modesta soldada con que se Jes pagaba su servicio sería ridículo aducirla como estímulo decisivo, })Ues no alcanza ni a la mitad siquiera de la que el Gobierno rojo pa· gaha a ¡us milicianos, los cuales, además, cr~ían luchar en pro de sus reivindicaciones sociales. Es, por otra parte, insuficiente a todas luces el pago de tal soldada para impulsar a un hombre al sacrificio de su vida, fuera de su hogar. patria y familia, con el coraje intrépido y la abnegación de que dieron muestras los Regulares desde el principio de la campaña. Motivos políticos, tampoco parece que puedan invocai·se. El interés máximo de un pueblo sometido por otro al régimen de protectorado, de colonia o de mandato es, naturalmente, el reivindicar su plena autonomía e independencia política. De hecho, el pueblo marro~ quí ha luchado constantemente por conquistarla, y la memoria dP esa lncha no ha podido borrarst> OC' su cspíritn. porque todavía es de ayet'. El ejemplo de sus C'orreligionarios de ]a Zona